El Escenario Pre-Electoral: El Camino hacia la Elección de la Cámara de Diputados 2024

Recuerdo pocas elecciones con la expectativa que generó la de 2024. No era para menos. Más allá de la contienda presidencial, estaba en juego el motor del cambio legislativo: la Cámara de Diputados. A veces, como ciudadanos, nos enfocamos en el presidente, pero son los 500 diputados quienes tienen la última palabra sobre algo tan fundamental como el presupuesto nacional. Ellos deciden en qué se gasta nuestro dinero, desde programas sociales hasta la construcción de hospitales. Por eso, la batalla por cada uno de esos asientos fue feroz. Entender cómo se hacen las leyes en México, quiénes fueron los aspirantes y cómo se movieron las piezas es clave para comprender el México de hoy.

Vimos a dos grandes bloques en la contienda: la coalición oficialista 'Sigamos Haciendo Historia' (Morena, PT y Verde) y la alianza opositora 'Fuerza y Corazón por México' (PAN, PRI y PRD). Movimiento Ciudadano decidió jugar su propia carta. Cada grupo, a su manera, eligió a sus contendientes. En mi experiencia, estos procesos internos, a menudo llenos de negociaciones y encuestas, revelan mucho sobre las prioridades de un partido. Vimos perfiles de todo tipo buscando un lugar en el Congreso: desde políticos de toda la vida hasta activistas, empresarios y figuras conocidas que intentaban conectar con un electorado diverso y, francamente, cansado de lo mismo. Esta mezcla de perfiles reflejaba las estrategias para ganarse la confianza de la gente en cada rincón del país.

Las campañas giraron en torno a los temas que nos preocupan a todos: seguridad, economía, salud. Pero había un tema de fondo que electrizó el ambiente: el famoso 'Plan C'. La propuesta del oficialismo era clara: conseguir una 'supermayoría' para poder aprobar reformas profundas a la Constitución sin tener que negociar. Esto convirtió la elección de diputados en una especie de referéndum. Los candidatos del gobierno defendían que era necesario para acelerar la transformación, mientras que la oposición advertía sobre los riesgos de concentrar tanto poder. Las redes sociales ardieron, llenas de propuestas, debates y, lamentablemente, también de desinformación. Como ciudadano, la tarea era monumental: evaluar no solo a quien buscaba la presidencia, sino a la persona que te representaría directamente en San Lázaro. Una decisión que, como vimos, tendría consecuencias enormes para la estructura misma del gobierno.

Para que nos demos una idea, el país se divide en 300 distritos electorales, donde se elige a un diputado por voto directo. Los otros 200 legisladores, los 'pluris', se asignan según el porcentaje de votos que obtiene cada partido a nivel nacional. Este sistema busca un equilibrio entre la representación de tu localidad y la pluralidad de ideas. La selección de estos candidatos 'plurinominales' siempre es estratégica; ahí es donde los partidos aseguran un lugar para sus líderes o expertos. El INE, a pesar de los retos, organizó la elección más grande de nuestra historia, una en la que se decidiría no solo el futuro del Ejecutivo, sino la composición entera de un poder que es esencial para el equilibrio de la vida pública de México.

Vista interior del salón de plenos de la Cámara de Diputados durante una sesión, un elemento clave del gobierno de México.

Análisis de Resultados y la Nueva Configuración del Poder Legislativo

El 2 de junio nos despertamos con un nuevo mapa político. Las encuestas lo habían insinuado, pero la magnitud del resultado sorprendió a propios y extraños. La coalición 'Sigamos Haciendo Historia' no solo ganó la presidencia, sino que arrasó en el Congreso, logrando algo que no veíamos en México desde hace décadas: una mayoría calificada en la Cámara de Diputados. En la administración pública, esto lo cambia todo. Significa que el bloque en el poder tiene los votos necesarios (más de dos terceras partes) para reformar la Constitución por sí mismo. El veredicto en las urnas sobre los perfiles que compitieron fue contundente y dio inicio a la LXVI Legislatura con un poder sin precedentes para el oficialismo.

Al ver los números, Morena se consolidó como la principal fuerza política del país, y por mucho. Sus aliados, el Partido Verde y el PT, crecieron también, volviéndose piezas clave para asegurar esa supermayoría. Para la oposición, la noche fue larga y los resultados, un golpe de realidad. El PAN se mantuvo como segunda fuerza, pero con menos legisladores. El PRI, por su parte, recibió una de sus representaciones más bajas en su historia. Y el PRD, un partido que fue fundamental en la transición democrática, no alcanzó los votos necesarios y perdió su registro. Movimiento Ciudadano creció un poco, pero no lo suficiente para ser un contrapeso real por sí solo. Este es el nuevo equilibrio de poder, producto directo de la decisión que millones tomaron en las casillas.

¿Por qué ganaron tan abrumadoramente los candidatos del oficialismo? Desde mi perspectiva, se combinaron varios factores. Primero, la enorme popularidad del proyecto del presidente saliente y el empuje de la candidata presidencial, que jalaron a sus aspirantes al Congreso. Segundo, una estrategia electoral que supo leer el descontento hacia los partidos tradicionales. Y tercero, el impacto de los programas sociales del gobierno, que construyeron una base de apoyo muy sólida y participativa. Su mensaje de 'continuar la transformación' caló hondo. En cambio, la oposición no logró presentar una historia convincente, una alternativa que emocionara. Sus divisiones internas les pasaron factura y no lograron conectar con las preocupaciones reales de la gente.

La consecuencia más importante de esta nueva realidad es que el 'Plan C' es ahora viable. El gobierno entrante tiene la capacidad de impulsar su paquete de reformas a la Constitución, como la elección de jueces por voto popular, una reforma electoral profunda y cambios en la Guardia Nacional. Este se ha vuelto el tema central desde el primer día de la nueva Legislatura. El debate es intenso, y con razón. Hay quienes ven en esto un riesgo para los contrapesos y la democracia. La forma en que la nueva mayoría maneje este poder definirá no solo su propio legado, sino el futuro de las instituciones mexicanas. Para la oposición, el reto es enorme: tendrá que ser más creativa y unida que nunca para hacer escuchar su voz.

La Agenda Legislativa 2024-2027 y el Futuro del Gobierno Mexicano

Con la nueva Cámara de Diputados en funciones, la agenda legislativa ya está en marcha, y es una que busca transformar de raíz las estructuras del Estado. Lo que se discute hoy en San Lázaro, impulsado por la mayoría oficialista, definirá el futuro del gobierno y del país. El tema más sonado, y que más pasiones levanta, es la Reforma Judicial. La idea de que todos los jueces, magistrados y ministros de la Suprema Corte sean elegidos por voto popular es algo nunca antes visto. Quienes la defienden, principalmente los legisladores de la coalición gobernante, dicen que es la única forma de limpiar la corrupción del Poder Judicial y hacerlo responder ante la gente. Es una promesa de democratizar la justicia que fue central en muchas campañas.

Del otro lado de la moneda, los críticos, que incluyen a la oposición y a muchos expertos en derecho, advierten de serios peligros. Temen que, si los jueces dependen de campañas políticas, sus decisiones respondan a intereses de partido y no a lo que dicta la Constitución. Esto, argumentan, debilitaría la independencia judicial, que es un pilar para proteger nuestros derechos y dar certeza a la economía. Es un debate que pone sobre la balanza dos visiones de país. Otra reforma de enorme impacto es la electoral, que busca cambiar al INE, eliminar a los diputados 'plurinominales' y reducir el financiamiento a los partidos. Sus promotores hablan de ahorros y de un sistema más austero. Sus detractores, en cambio, alertan que eliminar la representación proporcional podría borrar del mapa a las minorías políticas, reduciendo la pluralidad de voces en el Congreso. Para conocer más a fondo estas propuestas, puedes consultar este análisis de las agendas legislativas de la LXVI Legislatura. [6]

Pero la agenda va más allá de estas grandes reformas. Cada año, los diputados deben aprobar el Presupuesto, y ahí se verán las prioridades reales del nuevo gobierno: ¿cuánto dinero irá a salud, a educación, a seguridad, a programas sociales? Con su mayoría, el oficialismo tiene el poder de decidirlo, lo que le da una herramienta potentísima para llevar a cabo su plan. También hay temas pendientes que nos afectan a todos, como la posible reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales o nuevas leyes sobre el agua y el medio ambiente. El trabajo de los nuevos diputados se medirá no solo en las grandes transformaciones, sino en su capacidad para resolver los problemas del día a día. México está en un punto de inflexión. El reto para la nueva mayoría será usar su poder con responsabilidad y diálogo. Para la oposición, el desafío es reconstruirse y ser un contrapeso eficaz. Sin duda, esta Legislatura pasará a la historia como una de las más determinantes de nuestra época contemporánea.