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El Pulso Post-Electoral: Más Allá de los Votos

Después de décadas viendo ir y venir gobiernos, he aprendido que el día después de la elección es, en muchos sentidos, más revelador que la jornada misma. El ruido de las campañas se apaga y podemos escuchar con más claridad la voz ciudadana. México ha cerrado el capítulo electoral de 2024, eligiendo a su primera presidenta, y ahora el foco de los estudios de opinión cambia radicalmente. Pasamos de intentar adivinar un resultado a medir el estado de ánimo de la nación.

Los sondeos que se publican ahora son una radiografía del sentir colectivo en un momento clave de transición. Nos permiten analizar con cabeza fría las encuestas preelectorales. ¿Qué tan cerca estuvieron de la realidad? Estudiar las metodologías de casas encuestadoras serias y con trayectoria en México —como Consulta Mitofsky, Parametría, o las que publican medios como Reforma y El Financiero— nos ayuda a entender sus aciertos y las áreas donde, como todo instrumento de medición, tienen sus límites. La magnitud de la victoria y la nueva composición del Congreso, por ejemplo, tuvieron matices que no todos los pronósticos capturaron por completo. Esto ha reavivado un debate sano y necesario sobre cómo mejorar estas herramientas. En medio de este análisis, a veces surgen por redes sociales nombres de encuestadoras que no son relevantes para nuestro país, como se ha mencionado a Cedatos, una firma importante en la región andina pero sin participación en el contexto mexicano. Esto es solo ruido. Como ciudadano informado, lo importante es centrarse en las fuentes confiables y con metodología transparente.

Ahora, la pregunta clave de las encuestas es: ¿cómo evalúa usted la gestión del gobierno? Un estudio inicial de Ipsos post-elección, por ejemplo, encontró que una mayoría importante de mexicanos (68%) cree que el país va por el rumbo correcto. Este tipo de datos son el punto de partida para la nueva administración; marcan la línea base de optimismo y expectativas sobre la cual se medirá su desempeño. Estas primeras mediciones nos hablan de la confianza, de las preocupaciones más sentidas como la seguridad y la economía, y del mandato que la gente siente que le ha dado al nuevo liderazgo. Entenderlas es fundamental para cualquiera que quiera comprender el México de hoy.

Ciudadanos mexicanos ejerciendo su voto en una casilla durante las elecciones de 2024, representando la participación democrática.

El Termómetro Social: Aprobación y Expectativas

El cambio de sexenio es siempre un momento de balances y esperanzas. Por un lado, tenemos al presidente Andrés Manuel López Obrador terminando su mandato con una aprobación notablemente alta, algo poco común en nuestra historia reciente. Recuerdo bien los finales de sexenio de sus predecesores, y el ambiente era muy diferente. Esta popularidad, que encuestas como la de El Financiero sitúan por encima del 60% después de la elección, es un capital político enorme que hereda el nuevo gobierno. Se ancla, en gran parte, en la percepción positiva de los programas sociales. Este es un dato contundente.

Sin embargo, ese aplauso no es un cheque en blanco. Es fascinante analizar los matices. La misma gente que aprueba la gestión en general, a menudo muestra un fuerte descontento en áreas que le duelen en el día a día. Por ejemplo, la percepción sobre el manejo de la seguridad pública sigue siendo un gran pendiente, con una opinión mayoritariamente negativa. Aquí yace el principal reto para la nueva administración: ¿cómo mantener esa base de apoyo popular y, al mismo tiempo, entregar los resultados tangibles que la gente exige en los temas más críticos? Las expectativas son altísimas. Los sondeos reflejan un gran optimismo. Una encuesta del Centro de Opinión Pública de la UVM, por ejemplo, señala que la mayoría espera que la presidenta electa haga un buen o muy buen papel. La gente espera una continuidad del proyecto, pero con mejoras. La presión para que se vean cambios positivos en seguridad, justicia e inversión será inmensa desde el primer día. Los apoyos de vivienda del gobierno, por ejemplo, son una de las áreas donde la gente espera resultados concretos.

Un tema que está en el aire y que las encuestas comienzan a medir es la autonomía del nuevo gobierno. ¿Qué tanto influirá el presidente saliente? Las opiniones están divididas, y será uno de los temas a seguir. La capacidad de la nueva presidenta de forjar su propio estilo de liderazgo, sin fracturar su movimiento, será clave. Y más allá del ejecutivo, está el equilibrio de poderes. Con un Congreso de mayoría oficialista, el papel de los legisladores y del Poder Judicial cobra una relevancia extraordinaria. La propuesta de reforma judicial, por ejemplo, es un tema que genera debate y preocupación sobre los contrapesos. Como ciudadanos, es vital entender que un gobierno eficaz no está peleado con una oposición vigilante y un poder judicial independiente. Son pilares de la democracia.

La Confianza en las Encuestas: Metodología y Futuro

Para que todo este análisis tenga sentido, debemos poder confiar en la herramienta. Pero, ¿por qué a veces las encuestas parecen fallar? Es una pregunta legítima. Piense en una encuesta como si probara una sopa muy grande. No necesita comerse toda la olla para saber si está buena; con una cucharada bien servida, que tenga un poco de todo (caldo, verduras, pasta), es suficiente. Esa 'cucharada' es la muestra estadística. Si la cucharada solo agarra fideos, no sabrá cómo está el resto de la sopa. El gran desafío de las encuestadoras es que esa 'cucharada' sea verdaderamente representativa de un país tan diverso como México. A eso se suman factores como la gente que prefiere no revelar su verdadera opinión, o la dificultad de contactar a las personas en la era del celular.

Por eso, la transparencia es el ingrediente principal de una encuesta confiable. Cualquier estudio serio debe venir acompañado de su 'receta': la ficha metodológica. Este documento, que a veces ignoramos, nos dice todo: cuánta gente se entrevistó, cómo se le contactó (en su casa, por teléfono), en qué fechas, y sobre todo, quién pagó por el estudio. Leer esta 'letra chiquita' es nuestra mejor defensa contra la propaganda disfrazada de datos. Es lo que nos permite diferenciar un trabajo profesional de un gráfico sin fuente que circula en redes sociales.

El futuro de esta disciplina está en la innovación, combinando métodos tradicionales con nuevas tecnologías para entender mejor lo que pensamos y sentimos. Pero su valor más profundo seguirá siendo el mismo: servir como un espejo de la sociedad y una herramienta para la rendición de cuentas. Las encuestas sobre la confianza en las instituciones, por ejemplo, son vitales. Si consistentemente reflejan una baja confianza en el sistema de justicia, nos están dando un diagnóstico claro que impulsa y da legitimidad a los debates sobre reformas necesarias. Entender esto es el primer paso para construir soluciones reales, desde la gestión de la justicia hasta la forma de obtener tu acta de nacimiento. Al final, las encuestas no son una bola de cristal, son un diálogo. Un diálogo estructurado entre la ciudadanía y el poder. Aprender a leerlas, con un ojo crítico pero constructivo, nos empodera como ciudadanos y fortalece nuestra democracia.