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Un Viaje en el Tiempo: De la SCOP a la SICT
Cuando viajas por una carretera federal o haces una llamada, estás utilizando una infraestructura cuya historia es tan rica como la de México. Todo esto es responsabilidad de una secretaría del gobierno que ha cambiado de nombre y de forma, pero no de misión: conectar al país. Me gusta pensar en esta historia no como una lista de fechas, sino como el relato de la construcción de una nación. Todo comenzó formalmente en 1891, en pleno Porfiriato, con la creación de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP). En aquel entonces, el reto era monumental: unir un territorio inmenso con ferrocarriles y telégrafos. Era el primer gran esfuerzo por centralizar la planeación y construcción de lo que hoy llamamos infraestructura estratégica.
Con el tiempo, México creció y sus necesidades se volvieron más complejas. Recuerdo haber escuchado a mis abuelos hablar de la SCOP como la constructora de todo. Y lo era. Pero para 1958, el país ya no era el mismo. El gobierno de Adolfo López Mateos tomó una decisión sabia y, desde mi punto de vista, necesaria: dividir a ese gigante. Así nació la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), enfocada puramente en mover personas, mercancías y datos, mientras que otra secretaría se encargaba de las obras públicas en general. Esta especialización permitió un desarrollo sin precedentes en la red de carreteras, aeropuertos y telecomunicaciones. La SCT se convirtió en el motor de la modernidad mexicana durante la segunda mitad del siglo XX. Finalmente, en 2021, vimos su más reciente transformación a la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT). Este no fue un simple cambio de nombre en el papel; fue un reconocimiento explícito de que la infraestructura es la base sobre la que se sostiene todo lo demás. Es aceptar que no puedes tener transportes eficientes sin buenas carreteras, ni comunicaciones modernas sin una red robusta. Esta evolución nos muestra cómo el gobierno se ha ido adaptando para responder a los retos de cada época, siempre con la mira en un México mejor conectado.
Las Reglas del Juego: ¿Qué Puede y Qué No Puede Hacer la SICT?
Para que una institución tan poderosa como la SICT funcione correctamente, necesita un manual de instrucciones claro. En el gobierno, ese manual son las leyes. La principal es la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal. En su artículo 36, esta ley le dice a la SICT, de parte de todos los ciudadanos, cuáles son sus tareas y responsabilidades. Es como el contrato que define su trabajo: planear, construir y mantener carreteras y puentes federales, regular el transporte de carga y pasajeros que las usa, vigilar la seguridad de nuestros cielos y aeropuertos, y asegurarse de que tengamos servicios de telecomunicaciones de calidad.
Pero no se queda ahí. Cada área tiene su propia 'letra chiquita'. La Ley de Caminos, Puentes y Autotransporte Federal, por ejemplo, es la que dicta las reglas para los tráileres que ves en la carretera o los autobuses en los que viajas entre ciudades. De igual forma, la Ley de Aviación Civil pone orden en el aire. Más recientemente, surgió una ley que, en mi opinión, cambió el paradigma: la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial. Esta ley es un llamado a la colaboración. Le dice a la SICT que no puede trabajar sola. La seguridad en las calles y carreteras es una responsabilidad compartida, y obliga a la secretaría federal a coordinarse con las autoridades de tu estado y con la oficina de tránsito de tu municipio. Se trata de entender que la movilidad es un sistema único. De nada sirve una gran autopista si al final te encuentras con un caos para entrar a tu ciudad. Este marco legal, en conjunto, busca que la actuación de la SICT no sea arbitraria, sino que siempre esté orientada al bien común, garantizando que el desarrollo de la infraestructura se traduzca en beneficios reales para la vida de las personas y la competitividad del país.

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El Mapa de la Secretaría: ¿Quién Hace Qué?
Para entender cómo funciona una maquinaria tan grande como la SICT, imaginemos que es una gran empresa constructora y de logística. A la cabeza está el Secretario, que es como el director general, marcando la visión y la estrategia. Debajo de él, la estructura se divide en tres grandes equipos especializados, las subsecretarías. La Subsecretaría de Infraestructura es el equipo de 'manos a la obra'. Ellos son los que diseñan, construyen y le dan mantenimiento a la red de carreteras federales, esas que no tienen cuota. Su trabajo es asegurarse de que las arterias terrestres del país estén en buenas condiciones. Luego está la Subsecretaría de Transporte. Este es el equipo de 'reglas y operaciones'. Ellos se encargan de regular todo lo que se mueve por esas arterias: desde los camiones de carga y los autobuses de pasajeros, hasta los aviones en el cielo y los trenes en las vías. Su misión es que el transporte sea seguro y eficiente. Finalmente, la Subsecretaría de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico es el equipo del 'futuro digital'. Ellos impulsan las políticas para que el internet y la telefonía lleguen a más gente y para que México no se quede atrás en la carrera tecnológica. Además de estos grandes equipos en la capital, la SICT tiene una oficina en cada estado, los Centros SICT. Ellos son los ojos y oídos de la secretaría en el terreno, ejecutando obras y resolviendo problemas locales.
Del Palacio Nacional a tu Municipio: Un Esfuerzo Conjunto
He pasado muchos años viendo cómo grandes proyectos federales pueden tener éxito o fracasar dependiendo de un factor clave: la coordinación. La SICT puede ser la responsable de las grandes autopistas, puertos y aeropuertos, pero la vida cotidiana de las personas ocurre en las calles de su ciudad o pueblo. Aquí es donde la colaboración con los gobiernos estatales y, sobre todo, municipales, se vuelve crucial. La oficina de tránsito y transporte de tu municipio es una pieza fundamental en este rompecabezas. Pensemos en un ejemplo práctico: la SICT construye un nuevo libramiento para sacar el tráfico pesado de una ciudad. ¡Una gran obra! Pero, ¿quién se encarga de conectar las calles locales a ese libramiento de forma segura? ¿Quién ajusta los semáforos y las rutas de camiones urbanos para aprovechar esa nueva vía? La respuesta es la autoridad municipal. Sin una comunicación y planificación conjunta entre el gobierno federal y el local, ese libramiento podría generar más problemas de los que resuelve en sus entradas y salidas. La nueva Ley de Movilidad y Seguridad Vial ha venido a formalizar esta necesidad de trabajar en equipo. Crea un Sistema Nacional donde se sientan a la misma mesa la SICT, los estados y los municipios para hablar el mismo idioma. Busca que la planeación sea integral, que la ciclovía que pone tu alcalde tenga lógica con la carretera estatal y que ambas respeten los estándares de seguridad que promueve la federación. En mi experiencia, la mejor política pública es la que se construye de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo al mismo tiempo. La SICT pone el marco y los grandes proyectos, pero son las autoridades locales las que le dan vida y utilidad en el día a día del ciudadano. Es un esfuerzo conjunto indispensable para que México se mueva mejor.
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Construyendo el Mañana: Grandes Obras y Desafíos del Siglo XXI
El gobierno actual ha puesto sobre los hombros de la SICT la ejecución de megaproyectos que buscan transformar regiones enteras del país. Obras como el Tren Maya o las nuevas autopistas en Oaxaca son apuestas de gran calado para detonar el desarrollo económico y social. En mis años en la administración pública, he visto que no hay proyecto, por grande que sea, que no enfrente la prueba de la realidad. Y los retos de hoy son inmensos. El primero es la sostenibilidad. Ya no podemos construir como antes. Cada kilómetro de carretera o vía férrea debe pasar un examen ambiental y social riguroso. La sociedad nos exige, con justa razón, que el progreso no se haga a costa de nuestros recursos naturales o pasando por encima de las comunidades.
El segundo gran desafío es la seguridad. Y no me refiero solo a la seguridad pública en las carreteras, donde la coordinación con la Guardia Nacional es vital, sino a la seguridad vial. El objetivo debe ser la 'Visión Cero': cero muertes, cero lesiones graves por accidentes de tránsito. Esto implica un cambio de mentalidad, desde cómo diseñamos una curva hasta las normas de seguridad que exigimos a los vehículos que circulan. Es una tarea en la que la SICT federal y la oficina de tránsito municipal tienen que ser socios inseparables. Mirando hacia adelante, la visión para la SICT debe ser la de un facilitador inteligente. La oportunidad del 'nearshoring' está tocando a nuestra puerta; empresas de todo el mundo quieren instalarse en México. Para aprovecharla, no basta con tener puertos y carreteras; necesitamos una logística de clase mundial, digitalizada y eficiente. El futuro también es verde. La transición hacia la electromovilidad y el impulso al ferrocarril como alternativa al camión no son opciones, son una necesidad para un planeta que nos pide un respiro. La SICT tiene el timón para guiar a México hacia un futuro más conectado, sí, pero también más seguro, más limpio y más justo. Su capacidad para innovar y colaborar definirá si logramos construir un país a la altura de las oportunidades del siglo XXI. Si te interesa conocer a fondo las atribuciones legales de esta y otras secretarías, te recomiendo consultar directamente la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, es una lectura clave para cualquier ciudadano informado.
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