El Proyecto de la 4T: ¿Qué Prometió el Nuevo Gobierno?

El 1 de diciembre de 2018 no fue un día más en el calendario político. Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, el país entero sintió que algo fundamental había cambiado. Lo digo con conocimiento de causa, tras años de ver transiciones de poder: esta no fue una simple entrega de estafeta. Fue la culminación de un movimiento social que le dio al nuevo presidente un mandato popular abrumador. Su promesa, la 'Cuarta Transformación', no era otra cosa que un plan para darle la vuelta al modelo de país de las últimas décadas, enfocándose en dos grandes pilares: combatir la corrupción y priorizar la justicia social. Desde el primer día, la administración de López Obrador se centró en materializar esta visión con programas de impacto directo. La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, por ejemplo, no solo aumentó su monto, sino que se convirtió en un derecho universal, llegando a más de doce millones de personas. Como servidor público, sé que las transferencias directas son una herramienta poderosa y, en este caso, se convirtieron en el pilar que sostuvo la alta popularidad del presidente. Estas acciones buscaban enviar un mensaje claro: el gobierno ahora trabajaría 'primero los pobres'.

La Austeridad y la Economía: Menos Gastos y Más Salario

Uno de los conceptos que más escuchamos fue el de 'austeridad republicana'. En términos sencillos, significó apretarle el cinturón al gobierno: se bajaron los sueldos de los altos funcionarios, se eliminaron seguros y prestaciones de lujo, y se recortaron gastos operativos. La idea era simple y potente: usar ese dinero ahorrado para los programas sociales y los proyectos de infraestructura. Fue una medida muy popular, porque la gente estaba harta de los excesos. Sin embargo, quienes hemos trabajado dentro de la maquinaria gubernamental sabemos que la austeridad tiene dos caras. He visto de primera mano cómo recortes mal planeados pueden adelgazar tanto a una institución que la dejan sin capacidad para operar eficientemente, afectando los servicios que recibe el ciudadano. En el frente económico, el panorama fue complejo. La economía no creció a los ritmos esperados, en parte por el tremendo golpe de la pandemia. A pesar de esto, el gobierno se mantuvo firme en no endeudar al país, una decisión que nos diferenció de muchas otras naciones. Hubo logros innegables, como el histórico aumento al salario mínimo, que benefició a millones de trabajadores sin provocar la inflación que muchos temían, y una sorprendente fortaleza del peso frente al dólar. Estos factores, sumados a los apoyos sociales, lograron algo que por décadas parecía imposible: reducir la pobreza de manera significativa, como lo confirmaron las cifras oficiales. Los informes de gobierno, especialmente el cuarto, se convirtieron en grandes eventos para comunicar estos logros, mostrando cómo, a pesar de las dificultades, el ingreso de los más pobres había mejorado.

Montaje de imágenes mostrando los proyectos emblemáticos del gobierno de AMLO: el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto Felipe Ángeles.

Obras, Seguridad y Salud: Los Grandes Retos de la Gestión

Mientras avanzaba el sexenio, el gobierno puso toda la carne en el asador en tres áreas que definieron su gestión: los megaproyectos de infraestructura, la estrategia de seguridad y la reforma al sistema de salud. En mi experiencia, estos son los temas donde un gobierno se juega su legado. Las obras emblemáticas, como el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA), se presentaron como los motores que sacarían del rezago al sureste y fortalecerían nuestra soberanía. Sin embargo, cada proyecto trajo consigo una enorme polémica. El Tren Maya, por ejemplo, desató un debate que he visto muchas veces en políticas públicas: el eterno conflicto entre desarrollo económico y protección ambiental. Además, los costos se dispararon y la construcción, a cargo del ejército, generó dudas sobre su transparencia. En seguridad, se lanzó la estrategia de 'abrazos, no balazos', que buscaba atacar las causas de la violencia, como la pobreza y la falta de oportunidades. Se creó la Guardia Nacional, un cuerpo de seguridad con entrenamiento militar pero de mando civil. A pesar del cambio de enfoque, los resultados fueron agridulces. Aunque algunos delitos bajaron ligeramente, la violencia no cedió y la percepción de inseguridad siguió siendo una angustia para millones de mexicanos. Pacificar un país es una tarea titánica, y esta administración demostró que no hay soluciones mágicas. Pero quizá el desafío más grande fue la salud. Reformar un sistema de salud es como intentar cambiar el motor de un avión en pleno vuelo. Se eliminó el Seguro Popular y se creó el INSABI con la promesa de servicios y medicinas gratis para todos, pero la transición fue un caos. Vimos un doloroso desabasto de medicamentos, sobre todo para niños con cáncer, y la pandemia de COVID-19 solo exhibió las profundas debilidades del sistema. Al final, el propio gobierno tuvo que corregir el rumbo creando el IMSS-Bienestar. Fue un recordatorio de que, en la administración pública, las buenas intenciones no son suficientes si la ejecución falla.

El Legado y los Retos a Futuro: ¿Qué nos Deja este Sexenio?

Al hacer el balance final, que seguramente será el centro del último informe de gobierno, encontramos una historia de contrastes. El legado más tangible y positivo de esta administración es, sin duda, la reducción de la pobreza. La combinación de mejores salarios mínimos y los programas sociales ayudó a que millones de familias tuvieran un mayor ingreso. Este es un logro histórico que nadie puede negar. Sin embargo, la gran pregunta a futuro es si este modelo es sostenible. El gasto social creció enormemente, pero no vino acompañado de una reforma fiscal que asegurara su financiamiento a largo plazo, lo que deja una presión importante para el siguiente gobierno. En el terreno de la democracia, el balance es más polémico. Vimos un estilo de gobernar muy personalista, con una tensión constante entre el presidente y las instituciones que sirven de contrapeso, como el Poder Judicial o los organismos autónomos. Para muchos, esto fue un debilitamiento de nuestra vida democrática. Para otros, fue una lucha necesaria contra estructuras que protegían viejos intereses. La comunicación política también se transformó. Las conferencias 'mañaneras' se convirtieron en una herramienta sin precedentes para fijar la agenda, hablarle directamente a la gente y confrontar a los adversarios. Esto fue clave para la popularidad del presidente, pero también profundizó la polarización que hoy vivimos. Al final del día, la historia no se juzga en blanco y negro. El gobierno de López Obrador termina con una aprobación muy alta, reflejo de que conectó con un México que se sentía olvidado. Pero deja también enormes desafíos en seguridad, salud y cohesión social. Su legado, como su propia figura, seguirá generando un debate apasionado por muchos años. Para obtener una perspectiva más amplia sobre el gobierno mexicano actual y sus actores, se puede consultar el sitio oficial del Gobierno de México.