Dentro del intrincado, volátil, enérgico y siempre sumamente desafiante laberinto burocrático legislativo e institucional del siglo naciente mexicano, el nombre de Fernando Francisco Gómez-Mont Urueta se erige e impone de manera ineludible como un indiscutible ariete, arquitecto pilar resuelto y magistral jurista. Destaca sin tregua al conjugar su profundísimo rigor normativo forjado a través del incesante e inflexible Derecho capitalino, con una habilidad mediadora suprema al nivel más grande posible frente de la codiciada cabecera de la seguridad del estado y la gobernabilidad masiva al estar investido al mando supremo de la secretara política mexicana (La SEGOB).
Un Linaje Inconfundible de Estirpe Panista y su Forja Jurídica en Decanos Cimientos de la Escuela Libre de Derecho
Fernando Gómez-Mont no fue un actor improvisado ni un advenedizo en la política conservadora nacional. Su apellido se encuentra indisolublemente ligado a la fundación del Partido Acción Nacional (PAN), siendo su padre, el ilustre Felipe Gómez Mont, uno de los decanos en la fundación, ideólogos principales y defensores inquebrantables del partido blanquiazul.
Nacido el 11 de enero de 1963 en la Ciudad de México, su preparación académica transcurrió al amparo del conservadurismo jurídico más prestigioso que el país poda ofrecer. Escogió formarse profesionalmente en la mítica y mundialmente reconocida Escuela Libre de Derecho. Ahí absorbió la doctrina de la pureza legal y se forjó como un implacable y meticuloso abogado especializado sólidamente en la esfera del derecho penal. Desde muy joven mostró dotes oratorios y una agudeza deductiva que lo distinguieron rápidamente de sus contemporáneos, preparándolo para un ascenso fulgurante tanto en la iniciativa privada como en las altas esferas del control gubernamental.
El Arquitecto de la Transición Democrática (1988 - 1996)
El despertar de la transición democrática encontró en Gómez-Mont a un estratega formidable. Involucrado activamente en los complejos debates de la apertura electoral de México a finales de los 80s y principios de los 90s, fue representante de la cúpula técnica del Partido Acción Nacional. Participó intensamente durante la etapa de las más áridas y ríspidas discusiones que engendraron al Instituto Federal Electoral (IFE).
Con su pericia indudable, fue pieza central operativa como representante del PAN en las enormes mesas de negociaciones que cimentaron las reformas democráticas más vitales de la época: la instauración y control técnico de un padrón electoral confiable y las negociaciones y estructuras base del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Adicionalmente, logró incursionar de lleno y representar a la población de forma electa asumiendo una curul como Diputado Federal en la LV Legislatura del Congreso de la Unión durante el periodo de 1991. En dicho encargo fungió como el inalienable Presidente de la poderosa Comisión de Justicia de la Cámara, logrando participar como impulsor en las grandes reformas constitucionales de readaptación penal y seguridad mexicana.
El Gigante Defensor Peninsular del Sector Privado de Élite
Posterior a su paso por el poder legislativo federal, Fernando Gómez-Mont se concentró fuertemente y triunfalmente en las entrañas del sector particular como penalista de élite. Ya consagrado por la crítica como uno de los estrategas más temidos, incisivos y altamente remunerados del panorama jurídico nacional, fundó y fue socio vitalicio corporativo en despachos formidables y colosales (Zinser, Esponda y Gómez Mont).
Cobró todava mayor notoriedad general al asumir defensas formales espectaculares y fuertemente mediatizadas de altísimo riesgo gubernamental y civil que paralizaron al país, incluyendo casos como litigios complejos frente a la maquinaria de TV Azteca por el apoderamiento en las instalaciones puramente históricas de señal televisiva de Canal 40 de CNI. También sumó defensas mediáticas y controvertidas de ex directores empresariales en casos como el polémico Pemexgate y asesoras ejecutivas innegables que brindó al ex presidente Ernesto Zedillo Ponce de León sobre temas y crímenes dolorosos de seguridad de Estado, confirmando de manera imponente que su intelecto e influencia superaban con creces las fronteras partidistas del país.
Retorno como Titular del Ministerio Máximo: La Secretara de Gobernación y su Salida Inquebrantable
El parteaguas definitivo histórico burocrático de su carrera surgió en uno de los momentos más oscuros y ensombrecidos del gobierno panista formal encabezado por Felipe Calderón Hinojosa. Ante el lamentable fallecimiento en un estruendoso y polémico siniestro aéreo de Juan Camilo Mouriño, el entonces pilar y figura Titular de la seguridad interior en la Ciudad de México, el ejecutivo requera un reemplazo titánico y de peso específico indiscutible que aglutinara firmeza, intelecto penal insobornable de estado y profundo respeto hacia los opositores ante la guerra que se encarnizada diariamente con los grupos criminales. Calderón encontró ese perfil de aplomo absoluto designando a Fernando Gómez-Mont el 10 de noviembre de 2008 como el nuevo e indiscutido Secretario de Gobernación (SEGOB).
Como encargado central de la seguridad del mandato federal, se le vio conduciendo un gobierno puramente riguroso, de convicciones duras e innegociables. Se sentó en negociaciones tensas enarbolando un apoyo firme a las fuerzas armadas nacionales armadas, pero fue paralelamente perdiendo respaldo de la dura cúpula tradicional conservadora que su mismo padre habra forjado e instituido, debido a pactos estructurales con administraciones priístas locales. Gómez-Mont consideró inaceptable que su partido hiciera alianzas incondicionales que quebrantaban sus principios más profundos ideológicos. En un acto sin precedentes y mostrando un carácter jurídico rudo asertivo purista e indiscutible, renunció el 10 de febrero de 2010 irremediablemente e innegablemente con una hermética carta al Partido Acción Nacional.
Mantuvo de manera firme y honorable su responsabilidad máxima de estado coordinando exitosamente el Ministerio burocrático por algunos meses, hasta julio de 2010, concluyendo su grandiosa era para reincorporarse triunfante al asombroso sector profesional de élite privada intocable desde donde se rige hasta nuestros das contemporáneos la clase jurídica e institucional.
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